DIAGNÓSTICO DE MIGUEL REINOSO
Estoy dañado
en la fibra que las manos bordan entre el río y el grito imposibilitados del agua tranquila
Por temor he ostentado la esdrújula de los ridículos que escriben cartas de amor
Y todo para qué si el estanque no se merma si no tengo dos escudillas para ofrendar
las penas el marfil negro y sostenido de los dedos sobre el piano
Alguien antes que yo comiera las frutas del hastío mermó mis espaldas la lengua
que podría sonreír sin la aguja sin las uñas del mal tejido del perro en la sombra
Me quedé con el juego de la silla aislada en la azotea con el pie único del amputado
en el momento solo más solo de mirarme las uñas
¿Para que habré venido si la noche se ha quedado de obsidiana en mis pantalones?
Estoy dañado
Así dice el diagnóstico de quien se ha lavado las manos con la misa de los domingos
de quien nunca se ha manchado con el mal respiro con el bostezo rutinario
de una vida de sueldos embargados
Sí lo estoy de seguro que lo estoy
Los miembros me desobedecen y rastreen las calles atardecidas por el alcohol
por la mala tela casi ruinosa de compensar la ausencia que deja la muchacha del Sur
La muchacha que lo mismo le da abrir una ventana para que me sean nobles las palabras
o cerrar la marquesina de la tarde con la esquela que anuncia que el desnudo
será más lento si estoy solo
claro casi blanco porque la contrición se desvanece como el fuego rápido de la yesca
Es lo más seguro los dañados tenemos poco rencor
por eso llevamos en la frente el arco más severo el punto negro del diablo sobre la nariz
por eso pateamos la tarde para que dios se muera de rabia cada vez que no se le nombra
que sepa que las hojas verdes los caracoles cifrados la ceniza de los espejos
todos estos marfiles de la poesía no son productos de su sacra intervención
sino de la ausencia infame de esta muchacha del Sur que se cimienta en el proceso
cada vez que respiro su nombre bien nacido en el chasquido de las horas
Sin duda estoy dañado
En el tejido fibroso de mis humores en ese enjuto ademán que sobrelleva mi sangre
Marcado mi nombre nada tiene de huesos recobrados
Nada que deba regresar a la tierra a los surcos posibles que me continúen
Me llamo mala sangre metal pesado en los malos precios de la presentación
Camino ahí donde el menisco más se duele
con el pie que vacila entre arenas que nada consagra las primeras palabras
Me voy afeando con esta cara verdadera
que tiene el gesto de quien se ha orinado en la cama de todos los amaneceres
Desde niño ya simulaba ser otro
Era amigo de los caballos que golpean la noche para que el sueño sea inquieto
de los toreros que embisten el juego de las niñas
Tenía el hígado de quien juega solo para estar con todos en el remolino en la ronda
de parlotear el desgano de la tarde -qué límite tan siniestro qué ruido tan lejano-
Gustaba de la sangre en los candiles del ruido en el arbusto del mal humor
la cabeza contra la mesa y las paredes
La literatura todavía era un oficio para extraños voz de payasos en misa de maitines
dicen que a rasguños me cifraba la cara con todas las crónicas del enojo
tal vez por eso escribo poesía pues se me acabó la cara con los desencantos
Ahora sé que los pensamientos calvos se peinan de lado
que los tartamudos están obligados a chacharear con ese público pasivo del soliloquio
Desde niño supe que las mujeres eran hijas del pan blanco de la luna
mis manos de hambriento siempre se han alzado para tocarlas y despertarles
sus botones de sangre salina
Bien conoce mi lengua ese sabor a obelisco de luna llena por él debo mis permanencias
Casi tengo el nombre de Ángel aunque algunos me reconozcan con el nombre de un ratón
Quienes se olvidan de mi nombre realmente nunca me han nombrado en la ventana
de los recuerdos
He crecido dañado
Ajeno a los cielos blancos preferí los peces limpios en los pies de las niñas
Han sido la única resurrección en la boca
He vivido protegido en la casa de mis adusteces
áspero como la papa blanda o la rodilla lastimada del buen ánimo contra las banquetas
He tenido el don de dañar con las cáscaras verdes de mi pasado a toda mano amada
que toca el espejo de mi alma
esta ventana que se protege con las palabras en este frutero de la poesía
Dejémonos de cosas
El diagnóstico dice que las manzanas se me pudrieron en las manos desde niño
desde que solía jugar a ser otro
Dañado olvidadizo de oficio
nunca tuve el menor placer que amar perdiendo las blanduras de los relojes
así detesto despertar o desesperarme
cuando el único animal que amo madre de todos mis escombros o mampara de mis
asombros
me dice que el invierno es para viajar sola y sin laureles
Dañado me
Rescato la botella de ron doy largos pasos con un humor
como Grounier en las plazas guardando el mayor olor humano entre las ingles
A los dañados sólo nos queda perder el tiempo como los perros husmeando los recuerdos
en los basureros del mercado Alcalde
Visto de negro porque la pena es un desperdicio que envidian los que beben cerveza
y no la valeriana
no la valeriana de los tequilas que es el agua exquisita de los huesos
que es el fruto rescatado de rondar las calles con la regia estirpe de los tristes
ay con la puerta abierta donde nos asomamos los furiosos que todavía preguntamos
por el primer árbol que tenía la noche
Recíbanme con calma
La luz de los bares es más balsámica cuando nos echan a las altas calles de la noche
para que nos quedemos con nuestro recato con este otro modelo de constancia
para hablarnos hechos en el espejo
para hablarnos hechos polvo en el espejo
para entablarnos hechos humo en el espejo
Miguel Reinoso
México
( 17/12/02)
Miguel Reinoso nació en Guadalajara, Jalisco, México, el 8 de abril de 1957. Es Egresado de la Licenciatura en Letras en 1992. Dirige un Taller de Comunicación Escrita en el ITESO. Formó parte del Taller de Poesía del Exconvento del Carmen cuando aún lo dirigía Elías Nandino. Ha participado en lecturas colectivas e individuales; ha publicado en revistas de la localidad y participa en la revista
Novum, de la preparatoria 7. Ganó el tercer lugar en el concurso
Papirolas 96, y el primero en el "Alí Chumacero", 1998, convocado por la
Fundación Álica de Tepic, Nayarit, con el poemario
Telubrio, (Edición Sextante de Poesía, Guadalajara, México, 2001).
Tiene los siguientes poemarios inéditos:
Las comisuras de la voz,
El vaso y el caracol,
El hombre de los faros,
El festín de las bestias,
El verano que viene del Sur. En preparación se encuentran:
Ajorcas,
La historia verídica de tu cuerpo y
Tequila blues. Igualmente en elaboración la novela
El humo del espejo.
ENLACES SOBRE MIGUEL REINOSO:
Poemas:
MAR ÚNICA
EREMIA (El silencio de San Onofre)
TOHÙ (Yermo de silencios)
LILAS DE ABRIL (fragmento)
Reseña del libro Telubrio:
El ansia de crear un mundo con palabras, por Dulce María Zúñiga.